jueves, 2 de septiembre de 2010

Las increíbles e insoslayables aventuras de G. Fink y la Srta. Trotyl *

“Come sail your ship around me, and burn yours bridges down
We make a little history, baby, every time you come around”
Ship song; Nick Cave and the bad seeds.

Enfrentados, hablando poco y con monosílabos, surfeamos la ensortijada superficie de la noche montados en un tren diesel, varios vinos de tres cuartos y el mejor porro que se puede conseguir en Capital. La Srta. Trotyl se pone de pie para mostrarme su cuchillo tipo Rambo y su figura brilla bajo la mala luz del vagón de bicicletas: metro sesenta y cinco, pelo corto, chupines, borcegos, campera de cuero con un pin de Todos Tus Muerto, boina y una bittersweet (no encuentro otro término en ningún otro idioma que se ajuste más) sonrisa que me hace recordar un tema de Nick Cave. Problema: no recuerdo la letra de la canción, sólo la melodía, por lo tanto me guardo el comentario. No digo nada de Nick Cave, solo sonrío y contemplo el cuchillo. Una nena que pide monedas se encara con la Srta. Trotyl y la increpa:
- Qué hace, amiga?, no se puede andar con eso... guarde, guarde... eso es muy peligroso, se puede lastimar o lastimar a alguien...
- Te parece? – Guarda el cuchillo en la funda mientras le sonríe. La nena la mira y entra en el vagón contiguo, saluda a los pasajeros y comienza a repartir estampitas.
La luz del flash me toma por sorpresa, es que mi compañera de viaje es una declarada fanática de las fotos. Baja la cámara, me sonríe y me la tira para que ahora yo le saque a ella. Hago tres fotos hermosas. Las tres iguales, pero diferentes. Silencio: nuestras respiraciones y, a lo lejos, una spika que ladra un partido de sábado por la noche. Me mira, sonríe y habla:
- Cómo es eso de la chica que te quiere cagar a piñas?
- Uhhh... es muy largo... digamos que la mayoría de la gente espera demasiado de mí... o que yo nunca estoy a la altura de las circunstancias... algo así...
- Mirá vos... es algo para tener en cuenta... pero, qué onda, te las cojés y las abandonás?
- A veces ni me las cojo...
- Debe ser por eso, entonces... les apuñalás el ego... eso no se le hace a una chica...
- Lo único que puedo decir en mi defensa es que yo nunca prometo nada... y que no puedo estar en la cabeza de lo demás... la neurosis es intransferible... si la gente vendría con un manual todo sería más fácil... y todo sería mucho más aburrido, también...
- Estoy pasando por algo similar en este mismo momento...
- En guerra con tus amantes, maine liebe?
- Efectivamente... igual, si te quiere pegar, yo te defiendo Godito... podés contar conmigo...
- Tengo una propuesta, a ver si te interesa...
- A ver... veamos...
- Llamamos por teléfono a todos tus amantes, les decimos que vayan a algún lugar y, cuando lleguen todos, nos plantamos espalda con espalda en el medio y que se pudra...
La Srta. Trotyl sonríe con todos los dientes y me tira un beso. Si tuviese en mis manos la cámara podría sacar una foto bellísima. La sonrisa, la mano tirando el beso, los ojos entrecerrados; atrás, de fondo, el amarillo sucio del vagón, con sus pijas dibujadas con fibrón indeleble, sus Boca capo y sus puto el que lee. El fin del silencio: una de las puertas del vagón se abre y se cierra violentamente. Entra la chica que pide monedas y otras dos, una rubia y otra morocha, algo más grandes que la primera. La transparencia, la claridad de hace unos instantes, desaparece. Rápidamente a todo le crece moho, todo se recubre de una fina e imperceptible capa de humedad gris y pegajosa, todo se vuelve un poco más turbio. Las chicas hablan por lo bajo:
- Ése... fijate, ése que está dormido en el primer asiento, entrá y fijate...
- A ver... – La rubia abre la puerta y cogotéa, la nena me mira sonriendo y cuenta las estampitas. La Srta. Trotyl me mira y hace señas preguntándome qué pasa. Le respondo, con señas también, que no sé. La rubia cierra la puerta despacio y mira a la otra. – Vos sos una rastrera... no ves que es un paquero? Que vas a hacer, ensuciarte por cinco pesos?
- No... qué paquero? Tiene la billetera ahí nomás...
- Sos una rastrera, pibita, gata, no entendés nada – y le pega un coquito en el labio – Vamos, petisa, a las rastreras hay que dejarlas solas... – Se van, y la otra queda llorando bajito y contando billetes de dos pesos.
El viaje sigue, las estaciones se suceden, la lluvia no cesa y las cosas no mejoran. Nosotros no hablamos, solo intercambiamos miradas. El aire está demasiado cargado, demasiado podrido. La nena de las estampitas vuelve sonriendo y se acerca a la chica que llora.
- Dejame, vos... andate con la otra hija de mil putas... qué se piensa que es para verduguearme así... andate... – La nena intenta acariciarla – Salí, andate, y decile a la otra que no me busque... yo me las voy a arreglar, decile que no me busque nunca más...
El tren frena y la chica baja llorando ante la incrédula mirada de la nena de las estampitas. Suben dos ciclistas nocturnos con sus respectivos trajes de ciclistas que siempre me parecieron demasiado futuristas y un poco grasas. Esos cascos aerodinámicos, los colores fluo, las calzas y los guantes. Extraterrestres super avanzados en ovnis precámbricos.
- Qué pasó? – Me pregunta la Srta. Trotyl
- Después te cuento...
- Ok..., en la próxima bajamos.
Dicho esto, se levanta, se acomoda la boina, se cuelga la mochila, y me guiña un ojo. El tren frena. Me levanto, esquivo a los ciclistas y bajamos. Sigue lloviendo y, mientras caminamos y saltamos charcos en las esquinas, intento recordar el tema de Nick Cave. No puedo recordar el nombre ni, aunque más no sea, el estribillo. La duda me carcome, pero algo me impide preguntarle, quiero hacer esto solo: na nana na nanána - nanana nananá.
- Qué turbio lo de recién... qué carajo pasó...?
- Un flash...
- Contame...
- Es que estoy pensando en otra cosa... después te cuento, dame un rato...
- Pero vos entendiste algo de lo que pasó? Fue muy feo, había una cosa media turbia, medio espesa en el ambiente... – Un escalofrío sube por su espalda y se sacude como un gato.- fuuu...
- No sé si entendí algo... pero te puedo dar mi versión de los hechos...
- Ok... algo es algo...
Caminamos en silencio hasta que llegamos lugar. Luego la noche se diluyó, y nunca volvimos a hablar sobre lo ocurrido en ese tren. Nunca le dije una palabra sobre el tema de Nick Cave, pero lo busqué y lo escuché y recordé la letra. No estoy seguro que tenga algo que ver con la Srta. Trotyl ni con ese turbio viaje nocturno ni con nada, pero no importa. La belleza no necesita explicaciones... Na nana na nanána - nanana nananá...



* El título hace referencia a la historieta del Capitán Manu la cual es publicada quincenalmente por la revista Comiqueando, “Las increíbles e insoslayables aventuras del Capitán Manu” .
Para más información: www.captmanu.deviantart.com

1 comentario:

Ramona II y El Santa dijo...

Me gustó. Estaba en ese vagón mirando toda la escena. Me gustó mucho.